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Alqueva y Serra da Ossa. Alentejo, Portugal

Embalse de Alqueva, el más grande de Europa Occidental. Tiene la presa cerca de la localidad portuguesa de Aldeia de Alqueva y baña parte del Alentejo portugués y parte de la provincia de Badajoz.

Y por proximidad, también estaba previsto recorrer una pequeña sierra portuguesa, la Serra da Ossa, que si bien no tiene grandes elevaciones, forma una bonita mancha verde en el Alentejo central.

Ruta del sábado 22 de febrero 2014. Alqueva y Serra da Ossa.





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Pinchando en las banderas amarillas pueden verse los nombres de los lugares.

Una visión de cómo es la carretera que atraviesa la Serra da Ossa. Estrada N381 entre Redondo y Estremoz.

La ruta se aproximaba en varios sitios hasta el mismo borde del agua con la idea de contemplar la enorme extensión del lago artificial y también pretendía acercarse al centro de algunas poblaciones ribereñas para ver algún monumento histórico. A veces confluían ambas pretensiones, como en la visita al Castelo de Mourao, desde donde, además, podía verse parte del embalse. En esta ocasión quedó fuera de la ruta la atracción principal de la zona: la aldea medieval de Monsaraz y su castillo por merecer, por sí sola, una visita individualizada y detenida, lo cual no es compatible con una ruta que pretendía abarcar otros aspectos de la zona.

El recorrido se hizo con dos motos, pues me acompañó “pakyto” con su preciosa VStrom azul. No nos conocíamos, pues contactamos a través de foros y redes sociales, resultando que, además de ser vecinos, compartimos la misma idea y manera de viajar en moto; por lo que todo resultó perfecto.

Entramos en Portugal a través de Villanueva del Fresno después de repostar y dar cuenta de un estupendo segundo desayuno. El primer destino distaba apenas 15 km, el Castelo de Mourao. Situado en lo alto de la población, y desprovisto de su última misión (vigilar posibles incursiones del enemigo español) sus ruinas aún dejan entrever algo de su majestuosidad pasada y su ubicación permite hacerse una idea de lo que a continuación veríamos: agua y dehesa.

Castelo_de_Mourao

Castelo de Mourao.

desde_Castelo_de_Mourao

Vistas desde el castillo.

La siguiente parada habría de ser en la Aldeia da Luz o, mejor dicho, en la nueva aldeia, pues la población original quedó inundada por las aguas del embalse y fue construida una nueva en su ubicación actual. Su aspecto recuerda a los poblados de colonización que están cerca de la ciudad de Badajoz por su estructura y tipo de construcción de las casas, todas iguales. Pero es curioso ver como, poco a poco, sus habitantes están proporcionando a la aldea su aspecto portugués alentejano tradicional, pues ya pueden verse sus casas blancas con azul y ocre y, de cuando en cuando, aparece construida la tradicional chimenea de la zona. al final de la aldea, a orillas del embalse, está el Museu da Luz, un modernista edificio que, sin embargo, está tan acomodado al entorno, que es difícil distinguirlo desde lo lejos. El entorno es precioso, ese día y en ese momento de sol radiante, el color del agua y el blanco de las flores de la orilla proporcionaban unas bonitas vistas.

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Entorno de Aldeia da Luz.

Estrela
Siguiente parada: Estrela. Es una pequeña aldea también a orillas del embalse; situada curiosamente en un pequeño istmo y que te encuentras sorpresivamente al culminar un pequeño alto en la única carretera de acceso. A ambos lados de esta carretera pueden verse animales pastando en extensas llanuras verdes. La carretera después de atravesar la población, muere literalmente en el agua.

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Cerca de Estrela.

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A continuación vamos hacia el Portagem (presa) de Alqueva. Con sus aproximadamente 100 metros de altura y estando el nivel del agua a escasos meteros de las barandillas de observación, sin duda que impone. Su diseño permite observar con detalle algunas cosas de su diseño, especialmente llaman la atención las enormes compuertas de vaciado. Sin duda, cuando la presa esté vertiendo debe ser un espectáculo tremendo. Además de su función propia, el lugar es también un centro turístico, con su “marina” (embarcadero), restaurantes, aparcamientos acondicionados, con sus repartidores de folletos de restaurantes próximos,… es, en fin, un bonito lugar para pasar un buen rato. Llama la atención una frase esculpida con enormes letras metálicas y colocada a la vista de todos; dice, en inglés, “clear day you can see forever”(en un día claro se puede ver hasta el infinito).

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Vista de la Presa de Alqueva.

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Seguimos la ruta hasta la cercana población de Alqueva donde estaba prevista una parada para ver la fachada de su iglesia y tomar algún aperitivo. La iglesia resultó estar totalmente encalada y habían desaparecido los característicos azules de las construcciones de la zona, así que nos centramos en pedir dos Sagres Zero y continuar.

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Iglesia encalada de Alqueva.

Serían cerca de las dos de la tarde, íbamos con cierto retraso, el sol se había ocultado y empezó a caer una tenue llovizna. Por ello, dejamos a un lado la visita al embarcadero de Aimeira, nos detuvimos fugazmente en el Mirador del Pantano y nos encaminamos hacia Reguengos de Monsaraz. Pero, a la altura de Sao Marcos de Campo, cerca de la carretera, vimos un antiguo lavadero de ropa perfectamente acondicionado, techado y en buen estado de conservación, incluso con su bomba de agua manual en funcionamiento; así que, ¿comemos aquí?, pues sí, va a ser un sitio perfecto y así lo hicimos.

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Comiendo en el lavadero.

Aunque no rompía la lluvia, la amenaza ahí estaba; ya no teníamos el bonito cielo azul de la mañana y nos restaba aún buena parte de las visitas. Lamentándolo mucho dejamos atrás el cromeleque de Xerez y la Rocha das Namorados y nos fuimos directamente a buscar la Serra da Ossa. Pero antes de abandonar esta parte del relato, hay que hacer una recomendación: la vista a la pequeña población de Corval, centro artesanal alfarero por excelencia en la zona.

Otras escenas de la ruta:
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“Esta zona debe mantenerse limpia de basuras”.

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Mirando al cielo y mirando las dehesas que nos veían pasar íbamos en dirección a la Serra, donde, además de disfrutar de la preciosa carretera que la atraviesa, buscábamos otra “joya” de la ruta, el Hotel Convento de Sao Paulo, que se encuentra al pie de la carretera a poco tiempo de haber rebasado las poblaciones de Aldea da Serra y Redondos. No tuve noticias de éste lugar hasta que me las dio Luís hace poco (gracias Luis). Es un bonito Convento reconvertido a hotel, conservando su vieja estructura y sabiamente decorado, donde el protagonismo lo tienen los espectaculares azulejos que aún conserva. Hicimos un breve recorrido por él y tomamos café en un bellísimo salón al calor de la chimenea. viendo la categoría del establecimiento, nos preguntábamos si habríamos de dejar una de las motos en prenda para pagar el café; pero, sorprendentemente, resulta que pagamos tres euros por ambos (en alguna cafetería normalita cuestan más). El convento está en pleno bosque, rodeado de silencio y parece el sitio ideal para “estar perdido” un fin de semana.

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Claustro del Convento de Sao Paulo.

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Muestra de los azulejos.

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Lo cierto es que estuvimos muy a gusto tomando ese café, quizás demasiado, y le dedicamos demasiado tiempo. Por ello, nuestro último punto para visitar, la medieval ciudad de Vila Viçosa, nos quedaba lejos, no en distancia, sino en tiempo porque aún teníamos que seguir la carretera de la sierra, ya eran las cinco de la tarde y el cielo seguía encapotado. Como es un destino que está cerca de casa y al cual se puede regresar en cualquier momento, decidimos dar por terminada la ruta y poner rumbo a casa, para la cual incluso utilizamos un pequeño tramo de autovía. Así que finalizamos el recorrido en el mismo sitio en que lo empezamos a las nueve de la mañana, en el “Bá de Fran”, bar motero por excelencia y punto de salida y finalización de tantas rutas.

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