Costa Vasca 2022

De Bilbao a Hondarribia hay rincones increíbles de curvas, montañas, playas y algunos de los mejores restaurantes del país. Pero para llegar hasta allí hicimos un total de 1.300 kilómetros gélidos y pasados por mucha agua, pasa y te cuento.

Poco poquito te voy a contar del Madrid/Burgos. Autopista y ganar tiempo con cuidado, ojo, que tras el túnel de Somosierra, a medio cambio, la nieve apareció aunque afortunadamente sólo en las cunetas. Lo que sí que nos llegó es un fuerte frío que no nos dejaría en todo el viaje.

Y Burgos no es precisamente famoso por su calidez. Frío ventoso del cabrón nos acompañó mientras estuvimos allí. Afortunadamente nos calentamos en el restaurante al que nos llevó una amiga de mi chica, fantástica comida y mejor charla: ¡el viaje ha empezado!

Moto posando entre dos calles de pueblo con montañas de piedra al fondo
Pancorbo, a 70 km al norte de Burgos, frío como el corazón de tu ex

Burgos, Pancorbo, puerto de Orduña, Bermeo y Baquio

De regalo de cumpleaños decidimos cubrir una parte del país que nos faltaba disfrutar más despacio. Vista ahora, la ruta es brutal, pero si algo era mejorable fue el tiempo, el clima, vaya. Cuando oyes a gente de Burgos quejarse por el frío… pero es que también nos pasó en Soria, y son los lugares que sufren más frío de todo el país.

Para mejorarlo, nos llovió mucho y el rollo de andar quitando y poniendo impermeables, motardos, etc. es un auténtico coñazo. Sobre todo viajando en pareja, que parece que eres más responsable de todo lo que pasa encima de la moto (tráfico, clima, etc.).

El frío jugó a veces a nuestro favor obligándonos a parar y descubrir lugares que no teníamos previsto visitar, como Pancorbo, a unos 70 kilómetros de Burgos. Un pueblo muy bonito y con más que ofrecer de lo que pudimos visitar con 2ºC y el viento apretando fuerte.

Después de Berberana, donde el vino, pasamos por la puerta del salto del Nervión (el salto de agua más grande de la Península Ibérica). Muy poquito después subimos el puerto de Orduña, el paso de Burgos a Álava, y ¡ojo con el puerto! no estaba yo avisado de su dificultad. De Orduña a la cumbre es una recta, pero el lado alavés es casi casi un Passo dello Stelvio, una sucesión de horquillas que, en bajada y con la moto a dúo y tres maletas, te aseguro que no te aburres. Hay que trazar bien y cuidar mejor de no invadir el sentido contrario. Esto con lluvia es realmente divertido.

Moto parada en un semáforo de obra en carretera de montaña con mar y cielo nuboso
Los semáforos con mar son menos

El primer día nos llevaba a dormir en Baquio, digamos que “al norte de Bilbao”; pero antes paramos en Bermeo para comer en su fantástico puerto, muy recomendable! Aunque el cielo dejaba ver aún los nubarrones negros que acababan de descargar, pudimos comer en terraza disfrutando del sol ante barcos y montañas, el paisaje típico de la zona.

Igual que Bermeo lucía un ambiente espectacular, con gente disfrazada por carnavales y mucho terraceo, no puedo decir lo mismo de Baquio, un lugar que en verano bulle de gentío y llena las casas que en invierno están vacías y dejan un pueblo fantasma. La tarde estuvo bien pasada por agua hasta el punto que tuvimos que hacernos con un paraguas que luego verás en las fotos encajado en la moto. No daba un duro porque aguantara más que un rato, pero lo cierto es que estaba bien enganchado y se mantuvo en su sitio durante días e incluso terminó el viaje en Madrid muchos kilómetros después!

Collage del puerto de Bermeo, dos fotos con los barcos, una escultura y una copa de vino blanco

Baquio, Guernica, Lequeitio, Zumaya, Zarauz, Hondarribia

Ante la visión fantasmal de Baquio decidimos ir a desayunar a Guernica. Y como dijo luego el amiguete Kepa “fuimos optimistas” y no nos vestimos de agua porque el día parecía que nos iba a respetar (¡ja!).

De Baquio a Guernica llegó a chispear, pero llegamos a desayunar allí con sol, que siempre hace lucir mucho mejor el pueblo. Muy bien comidos, salimos directos a la costa y dirección Zumaya, a más dos horas de camino, donde habíamos quedado con Kepa, amiguete de Hondarribia. Pues unos 10/15 minutos antes de llegar se puso a llover como si no hubiera un mañana. Afortunadamente y conociéndonos la película, ya nos habíamos vestido de agua, así que llegamos y como habíamos quedado así en general en el pueblo, nos metimos con moto y todo en unos soportales. Nos bajamos chorreando, como si nos hubiéramos sumergido, y fue gracioso ver cómo había un número significativo de gente paseando por la calle con los niños y tal pero dentro de los soportales. Tal era la lluvia que la gente sale a dar una vuelta pero a refugio del agua.

Vista de moto por detrás parada en la cuneta en carretera secundaria rodeada de vegetación muy densa

Al poquito apareció el gran Kepa, amiguete de la March Moto Madness 2018, flipas. Que tiene una KTM 890 Adventure R (puta crema edition) pero que, como estaba con zapatitos de tacos y no se llevan bien con la lluvia y el asfalto, pidió prestada su ex BMW 1200 GS Adventure a su amiguete (¡eso sí que es un amigo!). Y ahí apareció con tan cálido recibimiento que ya nos sentimos en casa.

Nos llevó a alejarnos de la lluvia más hacia el este, hasta Zarauz, a resayunar al restaurante de Arguiñano, en plena playa (super playón). Había ambientazo, tanto en la terraza, como en la playa y en toda la población. Su desayuno ya era nuestra cerveza, así que nos animamos, nos pusimos al día y continuamos ruta hasta el final del país, Hondarribia, pasando mares, montes y montañas por carreteras de curvas guapérrimas, de esas que te quedas con ganas de recorrer varias veces.

El mejor anfitrión que puedas tener, nos enseñó desde las cepas de vino del propio Arguiñano a rutas y puntos remotos que no habríamos visto de no ser por él. ¡Y eso que teníamos el tiempo justo! Al llegar picoteo, comida y bebida TOP que nos llevó hasta las ocho de la tarde. Sí, una comida larga diría yo. Muchas horas de moto y muy cansado pero el mejor día de todo el viaje. En fin, un enorme GRACIAS desde aquí tío ¡os esperamos en Madrid!

Moto parada en un camino y mujer con casco al lado

Hondarribia, Idiazábal, Haro, Santo Domingo de la Calzada

El subidón del día anterior dejaba paso a algo de bajón. El cuerpo notó el cansancio acumulado (y los copazos del día anterior, no te voy a decir que no) y comimos mucha autopista. Mal necesario en nuestro caso para ir acercándonos al sur y reducir la paliza de kilómetros de los días venideros.

Así que decidimos hacer paradas no programadas en algunos pueblos como Idiazábal (hogar del famosísimo queso de dos tipos muy concretos de oveja), Haro, cuna de algunas de las mejores bodegas del país y la población más importante de La Rioja.

El día destacó por el frío, algo de lluvia y mucha carretera recta, así que ni te pongo la ruta, sólo te destaco alguna foto interesante.

Terminamos en Santo Domingo de la Calzada, entre Burgos y Logroño. De nuevo pueblo fantasma, mucho paseo pero poquísima gente, así que a disfrutar de un descanso merecido. Cenamos muy bien y nos trataron también bien, así que recomiendo el lugar, para cuando pases por allí.

Moto al fondo posando con cartel en primer plano de bienvenida a Idiazabal. Cartel con muchas ovejas

Santo Domingo de la Calzada, Navarrete, Cogolludo, Madrid

Y ahora sí, último día, nos esperaban 5 horas de moto y no precisamente de las buenas. Tiramos al este, hacia Logroño y de ahí ya al sur: Soria y Guadalajara.

Haciendo juego con el día anterior, comimos mucho mucho frío, viento lateral y larguísimas e interminables rectas. Así que te voy a destacar algo que me pareció oro en una paella de mierda:

Ruta Motera – La Rioja N-111

Te lo dije en junio de 2019 y te lo repito, “La ruta de los tres valles” es un rutón de lo mejorcito. Recorre la comarca de La Rioja por zonas increíbles de curvas y montañas muy del estilo de Teruel y Cuenca (dejo más info). Pasas por el Parque Natural Sierra de Cebollera y atraviesas paisajes que no deberías perderte, te lo recomiendo.

Vista lateral de moto en carretera con paisaje invernal, árboles, nieve al fondo y señal vertical de "Soria"
Un poco de frío sí hacía

Continuamos hacia el sur y disfrutamos de un jodido viento helado que movía la moto entre carriles y hacía que pareciera que no avanzábamos. ¿Sabes esa sensación de que pasan las horas y no los kilómetros? notas cansancio general pero más aburrimiento que algo físico, ¿frío del que se mete en los huesos y parece que nunca llegues? pues éso.

La cosa mejoró al entrar en Guadalajara, tanto de paisajes como de carreteras, curvas y lagos, pero llegamos llorando a Cogolludo. Afortunadamente, siempre se come bien allí y nos volvieron las fuerzas y el calor. Con tantos kilómetros en el cuerpo, ya la hora y media que nos quedaba hasta casa era muy poca cosa.

Vista de carretera con moto al lado en paisaje invernal, árboles, nieve al fondo y señal vertical de "Soria"
A por esas montañas nevadas!!

Muy cansados pero conscientes del viajazo que nos traimos del norte, creo que para el próximo cumpleaños o tiramos pal sur o lo retrasamos un par de meses 🙂

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