Cabecera VidaEnMoto

Honda CRF 250 2014 – Trail en Vietnam 2/2

El segundo día la cosa empezó mucho mejor, de después de una introducción por carreterillas desvencijadas entre arrozales, entramos en materia: subida por la falda de una montaña sin carretera, barro arcilloso y agujeros sin fin.

Venimos de Trail en Vietnam 1/2.

Hay que andarse con cuidado, andar por este terreno en pareja no tiene nada que ver con hacerlo solo. Uno podría ir a toda leche con la limitación de la conducción y la muy amplia limitación de la máquina, pero el hecho de ir en pareja lleva inherente el tener en cuenta a esa persona si no quieres:
a) Acabar en el suelo.
b) Que te mande a freír puñetas.
c) Que te mande a freír puñetas después de caer al suelo.

Así que subimos entre primera y tercera, tratando de amortiguar los badenes más altos y haciendo una conducción lo menos brusca posible (dado que la situación es de lo más divertida).

barro-vietnam-Cuong

Del sentimiento de total fracaso del día anterior hemos pasado al divertimento total de mover la máquina por zonas que pensabas que jamás podría afrontar una moto. Ahora te das cuenta de lo fácil que es, la suspensión se lo come todo, los 250cc son más que suficientes, tienen poder para hacerte derrapar y para controlar la conducción, tanto subiendo como bajando trialeras de barro y grietas. Afrontamos caminos de cuatro metros de ancho totalmente embarrados en los que tienes que buscar la zona exacta por la que pasar, en primera o segunda y con los pies en el suelo para estabilizar, porque sabes que la caída está muy cerca. Puedes estar en camino y acto seguido chupando barro. Afortunadamente nada tiene que ver con el día anterior, una caída en el barro supone mancharse y como mucho alguna quemadura leve al no llevar botas. Todo esto supone lo que seguramente será el momento de mayor disfrute de todo el trayecto.

vietnam-mountain-Cuong-03

Máxime cuando, tras atravesar una de esas zonas de barro arcilloso flotante cubierto de charcos, nos encontramos dos 4×4 de los gordos, nada de mariconadas de “todo-caminos”, enganchados con un cable de remolque y totalmente atascados en el mar de barro.
Nadie dentro, sólo un tipo vigilaba los coches, me imagino que esperando más ayuda. Algún camión enorme o grúa que se aviente a meterse en el barro y sacarlos de allí. Tenía pinta de que primero se atascó uno y luego el otro, al tratar de sacarlo, se hundió en el barro hasta que se quedó igual. De coña, verdaderamente me habría gustado ver las caras de los conductores al ver la que habían liado.
Afortunadamente nosotros pasamos por allí relativamente fácil. Buscando las trazadas correctas, despacito y por la sombra (es un decir, el sol atizaba verdaderamente duro, hasta el punto de llevar manga larga y una toallita cubriéndonos la nuca para evitar seguir quemándonos, que ya lo estábamos y mucho).

Es puñetero, vas siguiendo la moto de delante y pasas por donde haga falta, fácil o difícil ni te lo planteas, le sigues, haces lo que ella hace y punto. Ahora, cuando el de delante se detiene para pensárselo o para advertirte que “cuidado”, buff, mal, ¿pa´qué paras, hombre?“, si no hubieras parado habría seguido sin más. Ahora tengo que mirar y lo que veo no me gusta: un carrilito del ancho de mi rueda por tierra más o menos dura, a la derecha un terraplén y un río y a la izquierda un gran charco, de esos en los que te hundirías y probablemente atascarías la moto.
Pues mira, no me la juego por el carrilito ese en lo alto y antes que terraplén barrazo. Tiré y todo fue bien, me atasqué un poco pero jugando con las marchas pudimos salir sin ayuda (recuerda, somos dos personas y equipaje, peso ideal para hundirte en el barro). Pero estoy seguro de que si hubiera seguido sin parar y hubiera pasado por el carrilillo ni siquiera estaría mencionándolo ahora.

Por lo demás, recorrimos todo tipo de carreteras hasta la jartura. Por la tarde estábamos ya algo cansados, mi nena estaba ya con algo de dolor de trasero y Cuong estaba dando unas vueltas algo incomprensibles. Iba, volvía y nos decía que ya estábamos cerca del homestay pero no llegábamos nunca. Estaba buscando sitios nuevos para otras excursiones.
Tiramos y nos subimos a una montaña que aún no tenía carretera: peor, la estaban construyendo. Así que estaban picando y había piedras como menhires, de metros de diámetro. El terreno asfaltado se acabó y seguimos por una alfombra bacheada de piedras puntiagudas gordas. Antes de eso vi que el guía de repente saltó, ¿por qué? porque la zona lisa se terminó y hasta el suelo de la montaña había más de medio metro de desnivel. Sin tiempo para acojonarme, aceleré y le seguí los pasos. Uff, bendita moto, se comió el desnivel y ni me lo dijo, saltó, cayó y seguimos, eso fue todo.

Llegamos arriba, a lo más arriba que se podía, hasta el cartel con una calavera y un “Peligro de muerte”. Sip, creo que esa señal es tan buena como cualquier otra para parar, tirar unas fotos y darnos la vuelta.
La bajada, como siempre, se me antojaba más chunga, pero con la confianza cogida y la práctica, todo fue bien, fenomenal.
Ese día dormí como un bebé.

El tercer día cuenta con cuerpos más cansados y se notan más las deficiencias de la moto: el asiento es durillo y el acompañante lleva los estribos extrañamente colocados, lo que hace que el agotamiento se adelante.

Ya lo habíamos mirado con atención en parado, los estribos tienen un ángulo extraño de colocación de los pies. Vale que esta moto no está hecha para largos paseos a dúo, pero la corrección de esta “tara” es muy sencilla.
Yo me seguía quemando el tobillo derecho ya que las zapatillas, llenas de barro de tres días, no eran muy altas.

El día antes, tras cruzar un puente “colgante”, había calculado mal y doblé la curva demasiado pronto, ¡¡mierda pa mí!! le hice daño a mi chica, su pie se enganchó con la cuerda que sujeta el puente a tierra y giró violentamente hacia donde no debía, haciéndole una especie de luxación de dedo gordo.
Uff, qué culpabilidad! cuando ocurrió faltaban un par de kilómetros para acabar la jornada, no puedo alegar más que cansancio en mi defensa.
Al llegar, pie al río, que llevaba agua bien fría y descanso en la medida de lo posible. Aquél desgraciado siguió dando dolores.

El último día tuvo sus momentos buenos por la mañana (es decir, hasta las 12h), la tarde sería dedicada unas horrendas nacionales, unas más anchas que otras y al final rodeado del intensísimo tráfico de Hanoi. Lo único bueno es que pude comprobar la velocidad máxima de la Honda CRF 250cc con dos personas y algo de equipaje: 103km/h apurando todo lo posible. De ahí ya iba para abajo y le costaba la vida. Obviamente no está hecha para ese trato.

Por la mañana puebleamos y subimos unas montañas de semi-cesped alto tan divertidas como inescrutables. Entre el follaje no se distinguían los cambios de nivel y te comías los baches gordos, pero fue divertido subir y bajar pendientes tan pronunciadas.

Y ¿qué creías? ¿que me iba a escapar si besas el suelo? nanai, antes de entrar a la zona del presunto césped pasamos una zona embarrada. Sobrado de confianza entré en segunda y la rueda de detrás derrapó. No pude retenerla y caímos en cámara lenta. Incluso hay vídeo de eso:

Mirando hacia atrás, le dijimos a Cuong que lo del primer día era un canteo. Tierra y barro es una cosa, unas cuantas pistas para coger confianza, un rodaje y luego quizás habría podido superar la pista del primer día con éxito. Pero así sin más, llegar y poner la pista más difícil sabiendo que no tenía experiencia no está bien. Le dijimos que, al hablar de trail, yo me imaginaba asfalto, carreteras en mal estado, pistas de tierra, algo de barro y poco más. Lo que hicimos, en partes, era enduro del bueno. Él se limitó a decir que es trail Vietnam style.

Experiencia muy recomendable, ahorra, tira pallá y disfruta. El precio va a ser mucho más barato que en España, que el alquiler de motos es un auténtico abuso. El trail Vietnam style es realmente divertido, pero se recomienda experiencia 🙂

Subir


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.